"Érase una vez un hada que por poco olvida cómo se empieza a soñar."
Título largo para una historia particularmente corta. Hay un relato que escribí hace apenas unos días, en el que cuento de manera cronológica la llegada, estadía y partida de la persona que, hasta hoy, ha marcado como nadie mi vida. Y me doy tiempo para publicar estas letras pues estoy en el inicio de un nuevo año, hoy cumplo 25, cuarto de siglo lleno de aventuras, de fantasías que se esfumaron y de otras tantas que pude hacer realidad. Me han rodeado personas maravillosas, en entornos completamente distintos y de ahí un sin número de experiencias que me convierten en lo que ahora soy. Lo que algunos leen, lo que algunos conocen. Muchas satisfacciones conforman mi haber, anécdotas con las que he hecho reír a muchos en reuniones, en la oficina, en la escuela, en casa, con las que me he ganado nuevos amigos y muchos comentarios de “Solo a ti te pasa, Celina”, si, mucho de eso solo a mi me pasa.
Mario:
Cierro mi primer cuarto de siglo con tu historia, no por enferma ni por mal agradecida con la vida, es solo porque trato, día a día, de madurar y desprenderme de lo que no me trae beneficio alguno. Han pasado casi dos años desde que terminó todo, sabes mejor que nadie que lo nuestro no duró mucho, pero que fue tan bonito desde el principio, tan lleno de magia, tan lleno de todo. Hasta ahora, la historia más grande de amor que me ha tocado vivir. La escribí toda en no se cuántas páginas, no lo hice antes porque no podía, porque me quedaba estancada en el inicio y con solo recordar los detalles al redactar se me escapaba el llanto y botaba la hoja que no llegaba ni a la mitad. Pero insistí hasta que salió, pues me dijeron que la mejor terapia era contar lo que había pasado, pero sabía que mientras no la escribiera el avance sería mínimo. Lo hice entonces para liberarme, para sanar. Porque, bueno, tu ya no me recuerdas y es justo que yo deje de una vez por todas de pensarte. Hoy, en mi cumpleaños, hablo de ti, para ti, pero solo para por fin despedirme. Después de todo, más vale tarde ¿No crees? Si, claro que sigo preguntándome cómo estarás, lo motivos que tuvo Dios para que nuestros universos se cruzaran, los motivos que tuviste tu para invadirme si no pensabas quedarte, si no podías, si, tu sigues aquí pues si no, no estaría escribiéndote. Lo que cambió es el motivo, antes lo hacía para saberte, mendigando un par de palabritas, tal vez por fe, por creer en la diminuta esperanza de hacerte regresar, para que supieras que yo te esperaba y que obvio, seguía amándote. Hoy, hoy lo hago para exorcizarme, de la miel que el octubre aquel dejaste depositada entre mis labios, de las palabras que con tus ojos claros y llorosos clavaste en mis oídos, de las sales y suspiros con los que bañaste mi piel, misma que escasos días se cubrió con la tuya. Y lo más difícil, del amor que dejaste fecundado en mi corazón y que aún con tu partida repentina siguió creciendo. Un corazón, una piel, unos labios que con oídos cerrados buscaron muchas veces serle infiel a tu recuerdo. Sola, muchas veces seca, fría y por demás vacía. Extrañándote todo este tiempo aún cuando fue mínimo lo que estuviste aquí. Pero ahora no vengo a hablar de lo que te he necesitado, ya escribí 21 cartas al respecto, no sirve de nada reproducir los escenarios. Vengo ahora pues abrí una puerta nueva, camino sobre tierra fresca, en la que no veo tus huellas, donde no existieron, donde no te nombraré más, ni en mis historias, ni en mis recuerdos, donde no puedes ser más en mí lo que me impide ser yo misma.
Hace dos años hablabas conmigo desde una camilla por tus quemaduras, hacíamos planes mientras me deseabas un feliz cumpleaños, hace diez años me entallaban un vestido de quinceañera y mi corazón bailaba, hace veinticinco, mi mamá me abrazó por primera vez y segura estoy, de que en sus planes no estaba que yo le escribiera al pasado durante años. Deseó que yo fuera feliz y procurarte sabotea ese deseo. No, nunca supe porqué llegaste ni lo que buscabas, pero eso de que uno aprende de todo siempre lo tuve claro, por eso GRACIAS, de corazón un millón de gracias, por enseñarme a amar, a entregarme, a conocer mis extremos y por hacerme ver lo que se siente ser verdaderamente feliz.
Así fue, un amor de cuatro estaciones, de diez canciones, de dos fines de semana. Una historia empapada de miles de detalles que no olvidaré jamás. Que si aún lo amo… muy seguramente si, pero también aprendí que el amor es un derecho individual, que no garantiza que el sentimiento será recíproco, aprendí a desearle lo mejor y cuando supe que su vida seguía, que estaba bien y lleno de éxitos, entre tanta melancolía sentí gusto, felicidad, por saberle bien. Eso fue algo nuevo.
Pero bueno, todo este extenso texto no es para que piensen que estos casi dos años han estado perdidos, por el contrario, han sido los más reveladores de mi vida, en la búsqueda de la esencia que sentí perdida encontré un gran número de características importantes que me definen y me forman, poro a poro, idea a idea, letra a letra.
Ahora soy yo, festejando que lo soy hace 25 años, que nunca dejé de serlo por más perdida que me sentía, y con la fe de que lo que viene, superará por mucho lo que se fue.
Feliz cumpleaños al hada que creyó olvidar cómo se empieza a soñar, y descubrió que lejos de olvidar algo, solo se estaba viendo viva, despierta y feliz con ella misma y la realidad que la rodea.
Amigos…
¡SALUD!
Título largo para una historia particularmente corta. Hay un relato que escribí hace apenas unos días, en el que cuento de manera cronológica la llegada, estadía y partida de la persona que, hasta hoy, ha marcado como nadie mi vida. Y me doy tiempo para publicar estas letras pues estoy en el inicio de un nuevo año, hoy cumplo 25, cuarto de siglo lleno de aventuras, de fantasías que se esfumaron y de otras tantas que pude hacer realidad. Me han rodeado personas maravillosas, en entornos completamente distintos y de ahí un sin número de experiencias que me convierten en lo que ahora soy. Lo que algunos leen, lo que algunos conocen. Muchas satisfacciones conforman mi haber, anécdotas con las que he hecho reír a muchos en reuniones, en la oficina, en la escuela, en casa, con las que me he ganado nuevos amigos y muchos comentarios de “Solo a ti te pasa, Celina”, si, mucho de eso solo a mi me pasa.
Mario:
Cierro mi primer cuarto de siglo con tu historia, no por enferma ni por mal agradecida con la vida, es solo porque trato, día a día, de madurar y desprenderme de lo que no me trae beneficio alguno. Han pasado casi dos años desde que terminó todo, sabes mejor que nadie que lo nuestro no duró mucho, pero que fue tan bonito desde el principio, tan lleno de magia, tan lleno de todo. Hasta ahora, la historia más grande de amor que me ha tocado vivir. La escribí toda en no se cuántas páginas, no lo hice antes porque no podía, porque me quedaba estancada en el inicio y con solo recordar los detalles al redactar se me escapaba el llanto y botaba la hoja que no llegaba ni a la mitad. Pero insistí hasta que salió, pues me dijeron que la mejor terapia era contar lo que había pasado, pero sabía que mientras no la escribiera el avance sería mínimo. Lo hice entonces para liberarme, para sanar. Porque, bueno, tu ya no me recuerdas y es justo que yo deje de una vez por todas de pensarte. Hoy, en mi cumpleaños, hablo de ti, para ti, pero solo para por fin despedirme. Después de todo, más vale tarde ¿No crees? Si, claro que sigo preguntándome cómo estarás, lo motivos que tuvo Dios para que nuestros universos se cruzaran, los motivos que tuviste tu para invadirme si no pensabas quedarte, si no podías, si, tu sigues aquí pues si no, no estaría escribiéndote. Lo que cambió es el motivo, antes lo hacía para saberte, mendigando un par de palabritas, tal vez por fe, por creer en la diminuta esperanza de hacerte regresar, para que supieras que yo te esperaba y que obvio, seguía amándote. Hoy, hoy lo hago para exorcizarme, de la miel que el octubre aquel dejaste depositada entre mis labios, de las palabras que con tus ojos claros y llorosos clavaste en mis oídos, de las sales y suspiros con los que bañaste mi piel, misma que escasos días se cubrió con la tuya. Y lo más difícil, del amor que dejaste fecundado en mi corazón y que aún con tu partida repentina siguió creciendo. Un corazón, una piel, unos labios que con oídos cerrados buscaron muchas veces serle infiel a tu recuerdo. Sola, muchas veces seca, fría y por demás vacía. Extrañándote todo este tiempo aún cuando fue mínimo lo que estuviste aquí. Pero ahora no vengo a hablar de lo que te he necesitado, ya escribí 21 cartas al respecto, no sirve de nada reproducir los escenarios. Vengo ahora pues abrí una puerta nueva, camino sobre tierra fresca, en la que no veo tus huellas, donde no existieron, donde no te nombraré más, ni en mis historias, ni en mis recuerdos, donde no puedes ser más en mí lo que me impide ser yo misma.
Hace dos años hablabas conmigo desde una camilla por tus quemaduras, hacíamos planes mientras me deseabas un feliz cumpleaños, hace diez años me entallaban un vestido de quinceañera y mi corazón bailaba, hace veinticinco, mi mamá me abrazó por primera vez y segura estoy, de que en sus planes no estaba que yo le escribiera al pasado durante años. Deseó que yo fuera feliz y procurarte sabotea ese deseo. No, nunca supe porqué llegaste ni lo que buscabas, pero eso de que uno aprende de todo siempre lo tuve claro, por eso GRACIAS, de corazón un millón de gracias, por enseñarme a amar, a entregarme, a conocer mis extremos y por hacerme ver lo que se siente ser verdaderamente feliz.
Así fue, un amor de cuatro estaciones, de diez canciones, de dos fines de semana. Una historia empapada de miles de detalles que no olvidaré jamás. Que si aún lo amo… muy seguramente si, pero también aprendí que el amor es un derecho individual, que no garantiza que el sentimiento será recíproco, aprendí a desearle lo mejor y cuando supe que su vida seguía, que estaba bien y lleno de éxitos, entre tanta melancolía sentí gusto, felicidad, por saberle bien. Eso fue algo nuevo.
Pero bueno, todo este extenso texto no es para que piensen que estos casi dos años han estado perdidos, por el contrario, han sido los más reveladores de mi vida, en la búsqueda de la esencia que sentí perdida encontré un gran número de características importantes que me definen y me forman, poro a poro, idea a idea, letra a letra.
Ahora soy yo, festejando que lo soy hace 25 años, que nunca dejé de serlo por más perdida que me sentía, y con la fe de que lo que viene, superará por mucho lo que se fue.
Feliz cumpleaños al hada que creyó olvidar cómo se empieza a soñar, y descubrió que lejos de olvidar algo, solo se estaba viendo viva, despierta y feliz con ella misma y la realidad que la rodea.
Amigos…
¡SALUD!
