Si, fue extraño, que el cielo estuviera nublado y que nadie lo notara hasta que con plegarias elevaban la mirada buscando consuelo, otros una explicación que les permitiera entender y otros tantos un milagro, que los sacara de esa dolorosa incertidumbre. No es morbo ni amarillismos, solo quiero escribirlo pues es algo que viví y que de alguna manera quiero canalizar por medio de las letras que siempre me han liberado, deshacer el nudo que tengo en el estómago desde poco más de las tres de la tarde del quinto día de este mes. Viernes de luto para la ciudad que tanto quiero. Hasta este momento, en el que escribo, se reportan 44 nuevos ángeles en el cielo, mientras imagino una fiesta, como las que hay aquí cuando festejan los primeros cumpleaños, donde los niños juegan y comen dulces sin límites, donde sonríen pues son libres de hacer lo que en su rutina normalmente no se les permite. Ya no ha que preocuparse por las caries ni por el peligro al que se exponen al subirse a un resbaladero. Ahora solo hay sonrisas y mi Fe me permite pensar en un montón de criaturas jugando alrededor de Dios.
Mi amigo (quien trabaja en el Hospital donde yo laboré un año) y yo, nos encontrábamos en la oficina de Capacitación hablando sobre las Jornadas en las que había sido maestra de ceremonia ese día, comentábamos sobre la latente posibilidad de recuperar mi empleo, en ese momento oímos sirenas y pensamos que el alboroto se debía al arribo de un sicario baleado en el Blvd. Quiroga acaecido minutos antes. Ahí si, motivados por el morbo nos dirigimos a Urgencias para ver de cerca lo que imaginamos sería un pasillo lleno de Federales armados hasta los dientes, tal vez un poco de sangre en el piso por las heridas de los recién llegados, un par de mirones y nada más.
El año pasado, cuando trabajé en ese Hospital, en Urgencias precisamente, recibí muchos casos similares, así que la escena y el peligro que pudiera significar echar un vistazo no me daban miedo. Entramos por la puerta de atrás donde se encuentra la lavandería, antes de llegar a esa sala teníamos que atravesar todo el Hospital por el pasillo principal, justo ahí nos dimos cuenta que era algo mucho más grave que heridos por armas de fuego. La gente corría desesperada con caras llenas de angustia y en sus manos cargaban colchones pues las camillas no eran suficientes, no solo eran trabajadores, los familiares de los pacientes ya internados en los distintos servicios no dudaron en ayudar. Sin entender mucho corrimos hasta Ortopedia por más colchonetas, alguien habló de una explosión en una guardería del sur de la Ciudad, este nosocomio no cuenta con servicio de pediatría así que esperaba encontrar solo adultos heridos. Me quité los tacones para poder correr, mi amigo y yo llegamos por fin a Urgencias mientras nos recibía el característico aroma de este tipo de accidentes, levantamos la mirada y la escena parecía sacada de una película bélica. Había camillas por doquier con dos niños de no más de tres años cada una, sobre ellos un séquito de doctores en los que se les reflejaba en el rostro desesperación y angustia.
Es la primera vez que veo doctoras soltar el llanto durante su labor, no puedo contar con detalle, no aquí, el aspecto de los niños que atendían. Los que servimos a esta institución fuera del cuerpo médico y de enfermería nos sentíamos por demás impotentes e inútiles, nadie se estancó, hicimos lo que estaba en nuestras manos aún cuando no pudiéramos salvar una vida. Con solo vernos nos preguntábamos ‘¿Por qué?’, una Psicóloga, jefa de mi amigo, dice que en este tipo de tragedias no tenemos que preguntarnos eso sino ‘¿Para qué?’, para mí, ella fue un claro ejemplo de lo que un servidor público debe ser, desde el momento en el que se percata de lo acontecido comienza a actuar, organiza el pase de los familiares que desesperados rogaban por la oportunidad de entrar a la sala a buscar a su pequeño, consigue apoyo psiquiátrico para los papás que devastados salían tras haber encontrado a su hijo o hija sin vida o al borde de la muerte.
Sin duda fue de gran ayuda en la situación. El Arzobispo habla de los planes que tiene Dios para todos nosotros, soy Católica, creo en un poder divino que busca nuestro bien a pesar de que los seres humanos saboteamos constantemente nuestra felicidad. Sé que para aquellos que perdieron a un ser querido en esta tragedia esto no tiene sentido, solo nos queda pedir para que el consuelo llegue pronto a sus corazones.
Si, aún cuando gracias a Dios no perdí a nadie cercano, yo viví esta tragedia, temblé en medio del caos y contuve las lágrimas para ser en lo posible de utilidad, aunque mi obra se limitara a tomar datos, mojar una gasa con alcohol o guiar a alguien. Mi amigo y yo estuvimos ahí, nos dimos cuenta juntos de quién es quién en esta institución que tanto queremos, nos enojamos juntos por aquellos compañeros ignorantes que buscaban acercarse por morbo en vez de ayudar, que sacaban provecho de la situación o que se sentían víctimas solo por estar ahí, nos molestamos cuando los mandatarios (tanto el estatal como el municipal) llegaron y entraron solo a estorbar y a ser protagonistas de un drama que no les correspondía, pues su arribo no salvaría ni una vida. Mi amigo y yo llegamos juntos y juntos terminamos ese día sintiéndonos afortunados por vivir, por estar, por lo que tenemos.
Se suponía que este fin de semana seríamos noticia mundial por una taquiza que rompería record, pero no, una tragedia nos puso en boca, oídos y ojos del mundo entero. Comencemos ahora a encontrar esos Para qué, evitemos que esta situación se repita, exijamos la seguridad no solo en las guarderías sino en todas las instituciones que así lo ameriten.
Antes de culminar, quiero hacer una mención especial a todos aquellos héroes anónimos, al papá que tras sacar tres niños no pudo salvar a la suya, al ciudadano que tumbó la pared con su camioneta sin pensar en la lesión que esto le provocaría, a los bomberos y socorristas, a todos los ciudadanos que sin dudar entraron a la instalación a salvar la vida de un pequeño extraño exponiendo su propia integridad física. A todos los médicos que lucharon y que siguen en batalla para evitar que ascienda el número de muertes. Y a ti, que nos acompañas de lejos con tu oración para que nuestra ciudad se recupere, para que los niños hospitalizados salgan con bien y que los padres que perdieron a su bebé encuentren pronto la paz que su corazón necesita.
A todos, Gracias.